

Generalmente, la forma de un coupé viene determinada por dos montantes sobre los que descansa un pronunciado arco. En la Clase CL, éste no es más que uno de los interesantes rasgos que definen su diseño. Todo en él constituye una invitación a iniciar la marcha. Ya a primera vista, el CL parece fundirse con la calzada, dispuesto a ofrecerle un placer de conducción fuera de serie. La imponente parrilla del radiador y los grupos ópticos de alta tecnología dan forma a un frontal inconfundible. En los elegantes flancos destacan los prominentes guardabarros. El lateral luce una rotunda nervadura que se prolonga a lo largo de todo el perfil hasta fundirse con la característica línea del techo. Ésta enlaza con los pilotos traseros, hallando un logrado remate en la zaga, elegantemente redondeada al tiempo que enérgica.
También el interior resulta excitantemente atractivo. La consola central se extiende entre los dos asientos integrales, y el tablero de instrumentos exhibe superficies metalizadas y elegantes molduras de madera.

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